Sin importar si se trata de una colonización con reparto desigual de los recursos, una invasión a costa de los moradores tempranos de un territorio, un genocidio (tristemente vigente) respaldado por narrativas supremacistas, cualquier derramamiento de sangre siempre ha contado con la pasividad de quienes miraron y no dijeron nada, con la apatía de quienes desviaron la mirada ante los horrores, el respaldo de los que eligieron no intervenir.
Anticipando una de las que serían las conclusiones más importantes del foro: “Ética del cuidado frente al Bullying”, Brigitte Baptiste expuso en su intervención que abrió el evento: “la formación de los jóvenes de hoy debe estar enfocada en ayudar a vivir”. Con esta frase, Baptiste señaló que el foro siguiera los lineamientos de la solidaridad, la ética del cuidado, la compasión y la intersubjetividad. Celebró que instituciones como la EAN (de la cual ella es Rectora) y el Colegio Bilingüe José Max León (organizados, productor y anfitrión) del evento comparten la misma dirección.

Ética del Cuidado frente al Bullying
Al comienzo de la primera parte del foro, Tiago Hernández, asesor técnico nacional de género en la Fundación PLAN lo señaló muy claramente: “no tomar partido es tomar partido”. Y más en épocas de conectividad y acceso sin límites a la información en tiempo real.
Las personas que deberían haber aprendido de las monstruosidades de sus antepasados no pueden declararse ajenas a los conflictos globales. Por ejemplo, podrán argumentar a favor de los abusos contra el pueblo palestino (y con ello la violación de todos los pactos que la humanidad se ha esforzado en tratar de instalar para evolucionar la especie), pero nunca que no supieron lo que estaba pasando. Podrán justificar su impotencia, nunca su falta de empatía.
Considerar el bienestar de otros como condición de la propia felicidad nunca fue tan necesario. Nunca fue tan necesario enseñar que la libertad individual y el amor propio, nunca es suficiente para alcanzar la felicidad auténtica. Y tenemos herramientas suficientes.
Desde la antigua Grecia hasta la inquieta América de nuestros días tenemos ejemplos (la mejor lección) para que esta pedagogía se brinde de manera amorosa y entretenida. Hermes, el dios griego del comercio, los viajeros, la comunicación y la astucia, facilita el camino a otros (como mensajero de los dioses, guía de almas al inframundo, protector de viajeros y comerciantes). Encuentra la razón de su existir hasta convertirse en arquetipo del mediador servicial pero autónomo.
Quienes encuentren su realización en una vida dinámica, libre, pueden envolverse en felicidad al conectar a personas aisladas entre sí. Creando nuevos vínculos es una de las maneras a través de las cuales se tiene a los otros como razón de vida.
En la era de la hiperinformación, la educación debe estar en constante revaluación
Nuestra época no puede confundir la libertad de expresión con la aceptación de todas las opiniones. Karl Popper ya lo decía de manera condensada y clara: “Debemos reclamar, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar la intolerancia”. La libertad de expresión no puede ser un escudo para quienes buscan destruir la libertad de otros.
Muchos educadores de tendencias falsamente innovadoras podrán tratar de demostrar que el impacto del matoneo escolar es mínimo y atenderlo con lo apenas necesario, pero no podrán desconocer que las secuelas emocionales y cognitivas crecen desde aulas tensionantes hasta traducirse en síntomas de una sociedad violenta. A eso se refirió Tiago cuando señaló cómo la violencia entre comunidades virtuales crecía gracias a la ligereza por parte de las plataformas.
Las redes permiten que reacciones frente a linchamientos, abusos o asesinatos suban rápidamente el tono de su odio y se avalen entre sí. Expresiones como “yo le hubiera dado más duro” o “es que se lo estaba buscando” se convierten en avales al agresor y factor de unión entre terceros que no solamente animan la violencia, sino que se suman al racismo, a la xenofobia, a a violencia de género o cualquier cáncer que crece bajo la sociedad.
No podemos caer en el peligro de cubrir los problemas morales de la sociedad bajo el término general “violencia”, así como no podemos sentirnos tranquilos categorizando los actos sistemáticos, generados por una desigualdad de poder para generar heridas, bajo el término “acoso escolar”.
Términos como clasismo, xenofobia, misoginia y tantos otros deben aparecer en el léxico de todas las escuelas que busquen sumarse a los esfuerzos contra el bullying. Si bien el discurso escolar debe formar en la responsabilidad de hablar con el otro, no contra el otro, hay que detectar expresiones que destruyen el espacio democrático que debe ser el aula escolar.
Aún no entendemos las consecuencias de habernos convertido en una sociedad hiperconectada
Aún nos cuesta aceptar que la era de los ciborgs que proyectaron Manfred E. Clynes y Nathan S. Kline en la década de 1960 se instaló a su manera en nuestra cotidianidad. Aún desconectamos paniqueados los motores que nosotros mismos hemos creado para volver más inteligentes a nuestros propios artificios. Y lo más dramático: aún no contamos con protocolos suficientes para explorar de manera segura y responsable las nuevas dimensiones de tiempo y de espacio que la tecnología han puesto a nuestro servicio.
Aún estamos conociendo los tipos de agresión, las huellas de dolor que dejan y las consecuencias de la pasividad de terceros que día a día ocurren en las redes del universo virtual. Como lo dijo Viviana Quintero (experta en ciberseguridad infantil. nombrada en 2020 por la Red Latinoamericana de Mujeres en ciberseguridad WOMCY, como una de las 50 mujeres más importantes de Latinoamérica en este tema):
Una agresión puede extenderse infinitamente, pues la posibilidad de propagarse es enorme.
La recurrencia de una agresión en el ciberespacio no se limita a los espacios presenciales, no se sana en el hogar, no se esquiva mudándose a otro país. Ni siquiera se apacigua con el tiempo. En el ciberacoso no es necesario repetir una agresión para generar heridas profundas. Basta que un meme malintencionado encuentre su lugar en la nube para que éste vuele y vuelva infinitamente a torturar al agredido. Las interacciones que los terceros ejerzan sobre éste es una nueva agresión. En el ciberespacio el poder del pasivo tercero se multiplica por el número de personas que se conectan a las redes sociales.
Es muy raro que en la calle alguien vea una agresión y se sume en contra de la víctima, en cambio el poder que tienen las acciones simples de los cibernautas testigos (un reenvío, una aprobación con un sticker, una visualización, la reacción con un emoji) es mucho mayor.
Uno de los daños más graves sufrido por la víctima de ciberacoso es la zozobra y el miedo constante de que el material que fue utilizado en su contra vuelva a salir entre las redes para torturarla nuevamente. La nueva generación de víctimas habita en un universo en donde el flujo de contenidos en su contra pasa ante los ojos de millones de personas y carece de vigencia.
En ese sentido Mauricio Jaramillo (periodista digital director de Impacto TIC, y representante en Colombia de Meta Plataforms (empresa de tecnología dueña de Facebook, Instagram y WhatsApp); insiste que hay que dejar de trazar una barrera entre el mundo virtual y el mundo real. Lo que pasa en las redes pasa en la vida real. Las dinámicas pueden ser diferentes, pero la salud mental, la capacidad de gestionar emociones, los miedos siguen siendo factores a los que se debe prestar mucha atención y conocer mucho mejor.
Sin importar que hayan crecido en una época diferente, profesores, padres de familia y adultos que ejercen algún tipo de apoyo a las nuevas generaciones deben renunciar al escepticismo y la distancia que profesan hacia las redes sociales y demás plataformas. Más que prohibir el uso de redes sociales todos debemos convertirnos en mejores ciudadanos digitales.
Comunidades virtuales
Las comunidades virtuales (desde un grupo de Whatsapp hasta grupos de juegos virtuales) deberían servir siempre de red de apoyo.
Esto podría lograrse si desde el aula nos esforzamos cada vez más para que el secreto sea cada vez menos el factor de unión y para que la expresión de las emociones, el uso de la palabra dulce y la empatía sean los fundamentos. Quienes denuncian deben ser celebrados (no como héroes o salvadores) sino como responsables de acciones que fortalecen lazos y facilitan las dinámicas sanas de un grupo.
En este sentido, se debe promover un cambio de la denuncia “anónima” a una denuncia “confidencial”; esto es, pasar de un modelo en donde quien denuncia sencillamente lo puede hacer sin ningún tipo de responsabilidad futura, mientras que en el segundo, quien lo hace cuenta un respaldo garantizado, podrá ser respaldado formalmente y, lo más importante, va a tener un empoderamiento con la acción correctiva mucho mayor. Es decir, pasará de ser un testigo activo pero invisible a alguien que pueda exigir cambios en su entorno.
”La felicidad consiste en poner de acuerdo tus pensamientos, tus palabras y tus hechos”, decía Ghandi (a quien se señalaron abusos y contradicciones, sin que uno solo haya sido comprobado).
Cualquier institución educativa debe lograr una coherencia trasversal para ser un entorno de bienestar para sus estudiantes. Como para cualquier valor, instaurar prácticas contra el matoneo en las nuevas generaciones, debe partir del ejemplo.
Las prácticas contra el matoneo deben traducirse en los ámbitos laborales de los Colegios con más contundencia que los requisitos de ley acostumbrados. Además de los conocidos Comités contra el acoso laboral, todos los trabajadores de un colegio deben ser conscientes del trasfondo de cualquier atropello.
También deben ser formados a percibir a las personas de su entorno como seres humanos integrales, con sueños y frustraciones, con zonas oscuras y amplios campos de luz propia. Los encuentros entre adultos para hablar de los estados anímicos deben resignificar también las jornadas laborales admitiendo que esto puede aliviar tensiones y cargas que, a la final, tendrán un impacto significativo en los rendimientos de cualquier institución.
Una comunidad contra el matoneo escolar debe integrar la formación de habitantes responsables de la red dentro de su propósito educativo, sin importar si es estudiante o no, su edad o el lugar que ocupa en la institución. Deben estar muy conscientes de que el tipo de interacción que tiene lugar en internet suele medirse según factores que distorsionan la percepción que tenemos de otros seres humanos.
La invisibilidad, la no presencialidad y son características del universo digital que pueden disminuir la empatía y aumentar la “cosificación” de las personas (lo que explicaría por ejemplo la altísima sexualización de los contenidos). Debemos desarrollar habilidades y estrategias para evitar conductas y hábitos hostiles y violentos tan frecuentes en el ciberespacio.
Las estrategias contra el matoneo escolar deben partir de un estudio minucioso de las acciones (propias y ajenas) que favorecen la creación de un entorno propicio para la violencia. Una ola de matoneo específico puede detenerse con acciones tan sencillas como acercarse al agresor y decirle frente a otros: “esto que usted hace es racista”. Puede hacerse también intervenir a favor de una víctima prontamente.
Ante la violencia se debe actuar en el momento mismo en el que ocurre. Sin necesidad de estadísticas (pues todos los participantes saben que las cifras son un subregistro), podemos afirmar que todos los actos de matoneo escolar se detienen si se interviene en los primeros ocho minutos.
Algunas estrategias educativas que identificaron los participantes contra el matoneo escolar:
- Elogiar y celebrar la diversidad que se logra, entre otras, con curiosidad y entendimiento para comprensión .
- Desnaturalizar la violencia con persistencia, teniendo en cuenta que llevamos generaciones viviendo en un entorno violento y esto tomará mucho esfuerzo y tiempo.
- Aprender a tomar parte desde las posibilidades.
- Identificar límites saludables.
- Conocer la diferencia entre conflicto y violencia: resolver conflictos y prevenir y detener la violencia.
- Pensamiento crítico y ética del cuidado (Emmanuel Levinas)
- Language señalados por filósofos como Popper, Habermas o Butler, existen palabras que no construyen diálogo, sino que degradan
- Familiarizar a los más jóvenes sobre iniciativas y preocupaciones que el bullying ha despertado en los adultos y el Estado
- Formar a los padres para filtrar las noticias y los contenidos web para sus hijos
Robert Max Steenkist




